lunes, 26 de junio de 2017

BALAS PERDIDAS. SUEÑOS PERDIDOS

Cardióloga o Veterinaria. Ingeniera Industrial. Abogada. Profesor o Policía. Futbolista, Bombero y Arquitecta, eran los sueños de varios niños, niñas y adolescentes, entre los diez y quince años de edad, que han resultado muertos en Cali, por las mal llamadas “balas perdidas”, durante enfrentamientos entre pandillas, ajustes de cuentas, fronteras invisibles o líneas imaginarias y hasta en celebraciones por partidos de fútbol en la vía pública.

Desde bebes en el vientre de su madre, pasando por niños, niñas y adolescentes, han tenido que padecer en Cali, de una violencia que no les pertenece. Han sido víctimas de las mal llamadas “balas perdidas”, que les han causado su muerte o lesiones de por vida, pese a no hacer parte de ningún tipo de conflicto, pero que habitan o transitan por sectores del oriente, nororiente y ladera de la ciudad, en donde se presentan enfrentamiento entre pandillas, se registran ajustes de cuentas, proliferan las “Fronteras Invisibles” o “Líneas Imaginarias”, y hasta cuando se hacen celebraciones por un partido de fútbol en la vía pública.

Para nadie es un secreto, que América Latina y el Caribe continúa siendo la región más violenta del planeta.

El Banco Interamericano de Desarrollo, BID, sostiene que “aunque esta región tiene tan solo un 8% de la población global, en ella ocurren más del 30% de los homicidios del mundo. Si bien se trata de un problema regional, la falta de seguridad se vive en lo local, en los barrios y en las ciudades de América Latina y el Caribe”.

Esa falta de seguridad sigue ocasionando que los niñas, niños, adolescentes y mujeres permanentemente estén en una situación de mayor vulnerabilidad, como ocurre cuando se encuentran en las calles.

Entre el 2010 y 2016, se presentaron 13 casos de menores muertos (siete niñas y seis niños) por “balas perdidas” en Cali, según la Secretaría de Gobierno Convivencia y Seguridad de la Alcaldía, que estableció que en 2015, la ciudad registró 1.378 homicidios y en 2016 un total de 1.297, lo que representó 81 casos menos.

En los años 2015 y 2016, la Comuna de Cali que registró el mayor número de homicidios fue la 15, conocida como el Distrito de Aguablanca, conformada por los barrios Comuneros I, Mojica, Laureano Gómez, El Retiro, El Vallado, Ciudad Córdoba, Bajos de Ciudad Córdoba o Morichal de Comfandi y Llano Verde, en su mayoría habitada por gente que llego a la ciudad, desplazada de la violencia armada, especialmente del pacífico y el sur de Colombia.

El Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, regional suroccidente, durante 2015 atendió un total de 711 casos por presuntos homicidios en Cali, de los cuales, 5 fueron niñas y 24 niños hasta los 14 años de edad, así como 11 mujeres y 217 jóvenes, entre los 15 y 18 años de edad, para un total de 257 menores muertos en hechos violentos durante ese año.

En el 2016, Medicina Legal en Cali, atendió un total de 571 casos por presuntos homicidios, de los cuales, 4 fueron de niñas y 17 niños hasta los 14 años de edad, así como 5 mujeres y 156 jóvenes, entre los 15 y 18 años de edad, para un total de 182 menores asesinados en el último año.

Cabe anotar, que el Instituto Nacional de Medicina Legal, ubico al Valle del Cauca como el departamento más violento en 2016, incluida la ciudad de Cali.

De acuerdo con las estadísticas suministradas por el Centro de Investigaciones Criminológicas de la Policía Metropolitana de Cali, durante el 2016, el índice de homicidios en la ciudad se redujo en -7% con 90 casos menos frente a los reportes generados en el año 2015  (información cruzada con observatorio de seguridad de la Alcaldía Municipal).

Durante el 2016, la Policía en Cali capturó 8.014 personas por diferentes delitos, se incautó 1.414 armas de fuego y desarticuló 161 estructuras delincuenciales dedicadas al homicidio, al hurto en todas sus modalidades y al microtráfico entre otros, que afectaban la tranquilidad en las diferentes comunas.

El trabajo operativo de la Policía en Cali, a través del programa “Tratamiento Integral de Pandillas” a permitido que sean intervenidas 33 pandillas de las comunas de Cali e impactado 742 Jóvenes.

Actualmente se realiza un trabajo de acercamiento con 20 pandillas. Se espera, en poco tiempo, estén vinculadas a este programa que hasta al momento ha alcanzado resultados como la reducción en homicidios con -181 casos y en lesiones en la modalidad de riñas o conflicto entre pandillas, en comparación con el año 2015.

La Policía Metropolitana de Cali, tiene identificadas 88 pandillas, distribuidas en 8 comunas de la ciudad, especialmente en la zona de ladera y el Distrito de Aguablanca, al oriente de Cali, en donde existen un promedio de 15 a 20 grupos de pandillas juveniles.

El Vicepresidente de Colombia, el general retirado Óscar Naranjo, quien fue Comandante de la Policía Metropolitana de Cali, recientemente dijo que “para fortuna de los caleños por primera vez en 25 años la ciudad está experimentando su tasa más baja de homicidios.

“Una tasa que ciertamente todavía es elevada, de 54 homicidios por 100 mil habitantes, pero la importancia es que después de 25 años estamos regresando a las tasas que realmente nos deben a todos inspirar conseguir”.

De acuerdo a un diagnostico situacional de inseguridad en Cali, de la Personería Municipal, las primeras causas de homicidios de niños, niñas y adolescentes en la ciudad, se deben a enfrentamientos entre pandillas y “balas perdidas”.

El Centro de Recursos para Análisis del Conflicto, Cerac, en su primera investigación sobre el problema de las “balas perdidas” en Colombia, estableció que en 10 años, según los registros de la prensa examinados, murieron al menos mil personas por disparos indiscriminados. Eso implica que cada 4 días hubo al menos una muerte por esta causa.

BALAS PERDIDAS
Se define como: aquella bala disparada intencionalmente, que ocasiona daños letales o no letales a una persona diferente a la que es el objetivo de quien acciona el arma de fuego.

PANDILLA
Una pandilla es un grupo de tres o más miembros, cuyas edades, en su mayoría, están entre los 12 y 28 años, cuyos miembros se dedican a actividades que infringen la ley y cuyo hábitat suele ser un lugar del espacio público del barrio.

“FRONTERAS INVISIBLES” O “LÍNEAS IMAGINARIAS”
Consiste en impedir el paso a un territorio determinado del barrio de una persona sea proveniente de una pandilla o no, estableciendo límites invisibles. Quien sobrepase tal  frontera estará sentenciado a perder la vida. Las “fronteras invisibles” además se dan desde los barrios más deprimidos, donde hay conflictos intrafamiliares y pobreza desmesurada,  lo que lleva al hurto y al sicariato.

DISPARAR SIN JUSTIFICACION EN COLOMBIA
Entre uno y cinco años de cárcel puede purgar una persona que sea sorprendida por la Policía haciendo disparos al aire con arma de fuego. Las penas están fijadas en la Ley de Seguridad Ciudadana (Ley 1453 de 2011) que busca, entre otras cosas, que los colombianos usen responsablemente las armas de fuego.

El Artículo 18 de El Artículo 18 de esta norma establece: “Quien teniendo permiso para el porte o tenencia de armas de fuego la dispare sin que obre la necesidad de defender un derecho propio o ajeno contra injusta agresión actual o inminente e inevitable de otra manera, incurrirá en prisión de uno a cinco años, cancelación del permiso de porte y tenencia de dicha arma, y la imposibilidad por 20 años de obtener dicha autorización; siempre que la conducta aquí descrita no constituya delito sancionado con pena mayor”.

- LAS HISTORIAS -

Lizeth y Juan de 16 años de edad, Genith de 15, Daniela de 14, Daniel de 13, Brayan de 11, Ana, Brandon y Valeryn de 10 años, a pesar que nunca se conocieron, no estudiaron ni jugaron juntos, si tuvieron algo en común: murieron por la misma causa: “Balas Perdidas”.

Estas son varias, de las muchas historias de vida, de los niños, niñas y adolescentes, en Cali, que la guerra urbana les ha arrebato sus sueños.

Daniela Lasso de 14 años
Ella quería ser cardióloga o veterinaria

Flora María Lasso
Para Flora María Lasso, madre de Daniela Lasso, su hija era una persona llena de sueños, el motor de la casa, era la felicidad y la alegría.

“Era una niña inteligente, que quería salir adelante, que tenía muchos proyectos a nivel personal, educativo y familiar. Era una persona bondadosa. Quería comprarse una casa con un lote grande, para recoger a todos los perros de la calle”, recuerda su madre.

Daniela, a quien le encantaban los fríjoles y el pollo asado, se había convertido en la felicidad de ese hogar, enclavado en la parte alta del municipio de Yumbo, en donde se encuentra el barrio Las Américas y al cual se llega de subir y bajar largas y por estrechas calles de cemento.

“Ella era todo para nosotros. Le daba vida a nuestro hogar. Ella era el ‘bastoncito’ de mi otra hija. Era la que le iba ayudar a salir adelante”.

Daniela Lasso no alcanzó a conocer el mar. Para los primeros días de enero de 2017, antes de su muerte a finales de diciembre de 2016, iba a viajar a la isla de San Andrés como regalo de cumpleaños. Aseguran sus padres que la niña contaba los días para el viaje, pero una “bala perdida”, acabo con ese otro sueño.

Daniela Lasso de 14 años, murió por una bala pérdida el martes 27 de diciembre de 2016, a las afueras de una bodega ubicada en la carrera 2a No. 15B-50, en el barrio Fray Peña, en el municipio de Yumbo, Valle del Cauca, a las 9:05 PM, cuando se presentó una discusión entre varios hombres que participaban en una fiesta de despedida de una fábrica de confecciones en donde trabajaba la madre de la menor. La persona implicada en disparar no fue detenida. El proceso sigue en investigación.

Lizeth Dayana Castillo Ibarra de 16 años
Quería estudiar Ingeniería Industrial

Ingrid Marcela Castillo
Como una mujer emprendedora, alegre, con una sonrisa a toda hora, detallista, buena estudiante, responsable y que todo lo que se proponía, lo lograba, así la recuerda Ingrid Marcela Castillo, hermana mayor de Lizeth Dayana Castillo Ibarra.

Lizeth, que vivía con sus padres y hermana mayor en el populoso barrio Siloé, en la ladera occidental de Cali, en donde según las autoridades, existen al menos 26 pandillas al servicio de bandas criminales, con al menos 500 jóvenes delinquiendo, siempre decía que iba hacer una profesional pasa sacar a su familia adelante.

“Era una persona muy inteligente. Siempre tuvo un objetivo y siempre sabía para donde iba”. Y así fue. Lizeth resultó becada por el Gobierno Nacional para estudiar en la Universidad Javeriana de Cali, con el programa “Ser Pilo Paga”.

“Conmigo era muy especial. Siempre nos reímos mucho. Ella tenía su cuarto, pero siempre dormíamos juntas porque a mí me daba miedo hacerlo sola. Mi hermana fue el mejor regalo que mi Dios me pudo a ver dado”, asegura Ingrid.

A pesar de que Lizeth no le gustaba estar en la calle y de no estar en las esquinas, una “bala perdida” la busco dentro de su propia casa.

Lizeth Dayana Castillo Ibarra de 16 años, el 13 de noviembre de 2014, fue alcanzada por una “bala perdida” mientras se encontraba al interior de su casa, en la calle 5ta A Oeste No. 43 – 18, en el barrio Siloé, en la ladera de Cali, en un enfrentamiento entre pandillas del sector. El hombre causante de los disparos fue condenado a 35 años de cárcel, Víctor Ordoñez, alias “Cucurro”.

Genith Sinisterra Cumdumy, de 15 años
“Su proyecto de vida era ser una excelente abogada”

Dayron Sinisterra
Como una niña que no le gusta la injusticia, era califica la pequeña Genith Sinisterra. Su hermano, Dayron Sinisterra, recuerda que ella decía que quería ser abogada porque quería defenderse.

“Tenía buen poder de convencimiento. Sabía lo que quería. Hubiera sido una excelente abogada”, sostiene Dayron.

Genith, que siempre estaba contenta, como la recuerdan en su hogar, al nororiente de Cali, fue calificada como muy buena estudiante y le gustaba vestir bien, como toda niña a esa edad.

Dayron, le quiebra la voz al recordar a Genith como la hermanita que se mantenía saltando, cantando, bailando y su manera de comer.

“Recuerdo más que todo que era muy exigente para comer. Muy delicada. Comía con una singular particularidad: Le gustaba mucho degustar la comida antes de ingerirla. El arroz con pollo era una de sus comidas predilectas”.

Dayron, lamenta aún, no haber podido regalar a su hermanita Genith, la camiseta de la Selección Colombia de Fútbol para el Mundial de Brasil 2014, fecha en la cual murió cuando una “bala perdida”, acabo con su sueño de ser una excelente abogada, en momentos en que aficionados celebraban con disparos el triunfo de Colombia ante Costa de Marfil.

Genith Sinisterra Cumdumy, de 15 años, el 19 de junio de 2014, a las dos de la tarde, fue alcanzada por una “bala perdida” cuando venía del colegio y se dirigía a visitar a su papá, a siete cuadras de su casa, en carrera 1B2 con 26, barrio Petecuy II Etapa, al nororiente de Cali, al parecer durante la celebración del triunfo de la Selección Colombia en el Mundial de Fútbol Brasil 2014. El causante de los disparos no ha sido detenido aún por las autoridades. El proceso sigue abierto.

Daniel Vargas Chávez de 13 años
“El anhelo de él era ser profesor o policía”

Marilyn Chávez
Sacar adelante a su abuela, enseñarle las vocales a los niños y escribir a los grandes, ayudar a la gente y tener una hermanita, eran los sueños que tenía Daniel Vargas, un niño de tan solo trece años de edad, que su madre anhela volverlo a tener a su lado, luego de que una “bala perdida” acabará con todo lo que el quería ser cuando grande, hace cerca de tres años.

Marilyn Chávez, madre de Daniel, nunca olvida que era un hijo obediente que no se mantenía en la calle.

“Recuerdo que era buen hijo, buen nieto, buen sobrino y buen compañero. Todo lo extraño. Dios lo quiso así y se me fue antes”.

Daniel, que se comía hasta cuatro platos de arroz con pollo, fue calificado por su mamá como un niño obediente: “Todo lo que yo le digiera el obedecía”.

La madre de Daniel Vargas espera que los que mataron a su hijo paguen con la justicia y con la justicia de Dios.

Daniel Vargas Chávez de 13 años, murió luego de que fuera alcanzado por una “bala perdida” durante una balacera registrada el 22 de agosto de 2014, en el andén de su casa, ubicada en la Diagonal 26 P15 No. 103D – 04, Marroquín Primera Etapa, al oriente de Cali. El proceso sigue abierto.

Ana Victoria Guevara Alegría de 10 años
“Quería ser bombero porque quería salvar vidas”

Elizabeth Guevara
Haciendo honor a uno de sus apellidos, Ana Victoria Guevara, era Alegría, divertida, juiciosa y estudiosa.

“Le gustaba mucho el boxeo, el fútbol y decía que quería ser bombero”, recuerda con nostalgia su madre Elizabeth Guevara, quien asegura que tenía un corazón muy bonito y era muy pensante para la edad que tenía.

Ana, que casi no le exigía nada a su madre, era la encargada de cuidar a sus dos hermanitos cuando la mamá salía a trabajar.

“Muy bien se portaba. Era muy juiciosa. Muy amorosa. Era una niña muy linda. Era una niña muy especial. No le gustaba mucho la calle”.

Ana Victoria, a pesar de que nunca conoció una estación de bomberos en la ciudad de Cali, ella le decía a su mamá y quien le preguntará, que quería ser Bombero para salvar vidas.

Los últimos momentos que Elizabeth compartió con su hija, antes de que una “bala perdida” le truncará el sueño de ser Bombero, fue jugando a quien corría más. La mamá le ganó, pero Ana Victoria perdió la carrera de la vida. 

Ana Victoria Guevara Alegría de 10 años, murió a causa de una “bala perdida” cuando se encontraba al frente de su casa, en la calle 56H No. 47 – 50, barrio Llano Verde, al oriente de Cali, el sábado 25 de abril de 2015, cuando el reloj marcaba las 9 y 30 de la noche, durante un presunto enfrentamiento entre pandillas. El proceso sigue abierto.

Valeryn Quiñonez Cruz de 10 años
“Cuando sea grande voy a ser Policía”

Valeryn Quiñonez Cruz
Para Lorena Quiñonez, tía de Valeryn Quiñonez Cruz, la casa está vacía sin ella.

“Ella era mi bastón. Todavía no lo puedo creer que la vida me haya quitado la niña de esta manera”, sostiene Lorena.

La recuerda como una niña muy  vanidosa, juiciosa, atenta, juguetona y que le gustaba mucho estudiar.

“A su corta edad ya sabía secar arroz. Era muy alegre y bailaba mucho. Su comida preferida era el pescado”.

Lorena, que aún sueña con ella, sostiene que ella le decía que si no iba a ser Policía cuando grande, iba a ser arquitecta.

“Yo le decía que te estas yendo muy alto y que para eso tenía que estudiar bastante. Cuando venía de la escuela lo primero que hacía era lavar el uniforme, luego hacía las tareas y después se iba a jugar con sus amiguitas”.

Para Lorena, su nieta Valeryn, iba a ser una mujer muy vanidosa porque se mantenía en el espejo mirándose y bailando.

“Ella me dejó mucho recuerdos. La casa está vacía sin ella. Desde que nació, la crie. Dormía con ella”.

Lorena, siempre pensó que era ella la que se iba a morir ir más rápido, nunca se imaginó que era la niña la que le iba a pasar eso.

Valeryn Quiñonez Cruz de 10 años, murió el 16 de marzo de 2016 a las diez de la mañana, por una “bala perdida” cuando se encontraba en un sector conocido como “La Calle del Humo” localizada en el sector de Desepaz, al oriente de Cali, cuando iba a visitar a la madrina, luego de salir de estudiar en el Colegio Santa Isabel de Hungría, en Calimio-Desepaz, donde cursaba tercero de primaria. El proceso sigue abierto.

Brayan José Canizalez, de 11 años
“Cuando grande, quería ser una persona trabajadora”

Jenny Patricia
Brayan José, un niño tímido y buen estudiante, decía que cuando fuera grande, quería ser una persona trabajadora y educada. Una persona de bien. Ser responsable como el hermano y su papá.

Su madre, Jenny Patricia Molina, recuerda que su hijo Brayan era un niño muy respetuoso y muy aplicado.

“En la casa mantenía sus cosas recogidas. Le enseñe a ser una persona muy organizada”. 

Para Jenny, no simplemente mataron a un niño, sino que mataron a una persona que iba a ser alguien en la sociedad.

“Me parece una injusticia que quién lo mato todavía este vivo y los conflictos en el barrio siguen igual. Balas perdidas, balaceras y consumo en las esquinas,  se ven todavía”.

Jenny Patricia Molina, califica la muerte de su pequeño hijo, Brayan José Canizalez, de 11 años, como una injusticia porque él no tenía nada que ver con los conflictos de la calle.

Brayan José Canizalez, de 11 años, que cursaba sexto grado en el colegio Gabriela Mistral, murió por una “bala pérdida” el primero de noviembre de 2014, después de las nueve de la noche, al parecer disparada por otro menor, cuando se encontraba en la esquina de la carrera 28 entre las transversal 103 y 112, en el barrio Las Orquídeas, en el oriente de Cali. El joven que disparo no ha sido detenido. El proceso sigue abierto.

Juan David Sandoval Zuñiga de 16 años
“Él quería ser cuando grande futbolista”

Yolemi Sandoval Zuñiga
Como un “pelaito” que no merecía lo que le pasó porque no se metía con nadie, califico Yolemi Sandoval Zuñiga, lo que le sucedió a su hermano Juan David Sandoval, un joven que era muy alegre, que le gustaba mucho jugar fútbol, tatuar y que estaba aprendiendo a estampar buzos.

Juan David no fue un dolor de cabeza para se mamá, buen amigo, buen vecino, juicioso, asegura su hermana Yolemi, quien agrega que era muy buen hermano.

“Él quería ser cuando grande futbolista. Con el combo de sus amiguitos se iban a una casa a ver los partidos del América o cuando jugaba la Selección Colombia”. 

Su hermana recuerda que Juan David era muy buen bailarín. El que mejor bailaba en la casa, hasta el punto que los pasos que actualmente sabe la hija de Yolemi, los aprendió de su tío.

Yolemi, que se lo sueña que está alto, dice que es un vacío que no se puede olvidar, que  toda la vida va hacer falta, porque es un vacío que uno nunca va poder llenar.

Juan David Sandoval Zuñiga de 16 años, fue alcanzado por una “bala perdida”, que lo hirió el 10 de abril de 2015 en la carrera 28 – 3 frente al número 103 - 126 del barrio Las Orquídeas y diez meses después murió el primero de febrero de 2016, a consecuencia de la herida sufrida. Presentó problemas respiratorios, en la médula y severos problemas en el cerebro que le ocasionaron su muerte. El proceso sigue abierto.

Brandon Mauricio Martínez de 10 años
“Quería jugar en el América”

Zoila María Collazos
Zoila María Collazos, abuela de Brando Mauricio, recuerda que antes de resultar herido por una “bala perdida”, Brandon Mauricio de 10 años, era un niño era muy alegre, activo y que jugaba fútbol con sus primitos.

“Ya no le gusta salir al antejardín. Le cogió miedo. Mantiene adentro de la casa. Cambio totalmente la vida de nosotros”, sostiene la abuela de Brandon.

Zoila, que no pierde la fe ni las esperanzas de que su niño se pare de la silla de ruedas en donde se encuentra postrado desde marzo de 2016, recuerda que era un niño sano que no se metía con nadie.

“Yo le digo: papi, vamos para delante. Usted no se puede quedar aquí y mucho menos en esa silla. Ver el niño como era antes y verlo ahora el estado en que quedo. Cambio totalmente la vida de nosotros”.

La abuela de Brando , al recordar el momento de los hechos como algo muy duro, agrega que el fisiatra que lo vio hace tres meses dijo que el niño tenía posibilidad de caminar pero necesitaba mucha terapia.

“Desde el momento que le pasó eso a mi niño, yo se lo entrega al Señor Milagroso de Buga. Yo sé que mi niño se para de ahí. No por ahora, pero se para”.

Brandon Mauricio Martínez de 10 años, resultó herido en el antejardín de su casa durante un atraco a una pareja que movilizaba en una motocicleta, en calle 83B No. 5N-52, barrio Floralia, al nororiente de Cali. Fue herido en el tórax y la espalda. Actualmente estudia en el colegio Fray Luis Ferrer tercero de primaria. La Policía capturó de uno de los delincuentes, identificado como alias “El Burro”, de 21 años.

- LA OTRA CARA DE LAS BALAS PERDIDAS -

Fracturas a nivel familiar que en muchos casos ocasionan que los jóvenes empiecen a delinquir y a consumir drogas ilícitas. La proliferación de armas entre los jóvenes, en gran parte a consecuencia del micro tráfico y la gran oferta laboral ilícita que existe en Cali, son varias de las lecturas que se hacen sobre la situación de violencia que viene afectando no solo a ancianos, adultos y jóvenes, sino a los niños, niñas y adolescentes en la ciudad.

Varias han sido las alertas que han hecho las autoridades de salud de la Ciudad, debido a que cada año en la Morgue de Cali, hay más participación en las necropsias de menores de edad.

Ante este panorama, son varios los procesos que se adelantan en la ciudad, para disminuir este espiral de violencia que viene afectando, especialmente a los menores.

Con fondos de la Secretaría de Gobierno de la Alcaldía de Cali, presupuestados en el Plan de Desarrollo Municipal de Cali, 2016-2019, Cali Progresa Contigo y ejecutado por la Universidad del Valle, a través del reconocido Instituto Cisalva, e implementado por su equipo técnico en conjunto con la Policía Nacional y su Unidad de Policía Preventiva, adelantan el Programa TIP - Tratamiento Integral a Pandillas: Jóvenes Sin Fronteras.  

Este programa, tiene como objetivo general, desarrollar un proceso de integración social y restitución de derechos a los miembros de pandillas juveniles identificadas por la Policía Metropolitana de Cali, dando lugar a un proceso de investigación en el que se midan los alcances del proyecto y los logros del trabajo para sentar las bases de un modelo de atención integral a jóvenes en situación de vulnerabilidad social.

Entre el 8 y el 16 de noviembre de 2016, los primeros quinientos jóvenes entregaron sus compromisos de cambio con la ciudad, sus comunidades, sus familias y consigo mismos.

El proyecto tiene como propósito diseñar e implementar un modelo de atención integral para dicha población en los aspectos psicosocial, de salud, educación, oportunidades laborales, oferta cultural y deportiva.

Este programa, tiene como perspectivas vincular 18 pandillas adicionales promedio anual entre 2017 y 2019, para cubrir la totalidad de 88 grupos identificados y priorizados originalmente por la estrategia TIP de la Policía Metropolitana de Cali

Al anterior programa, se suma la iniciativa ‘Medítele a la Paz’, dirigida a niños, jóvenes y adultos, que busca transformar imaginarios sociales y escenarios de conflictos cotidianos para la construcción de una cultura ciudadana para la paz en el territorio, y promover el respeto por la vida. Está integrado por los programas: ‘La Paz es mi Cuento’, ‘Sumar Paz’ y ‘Yo no parí para la muerte’.

En 2016 Cali fue una de las cinco ciudades finalistas a nivel mundial al Premio por la Paz, organizado por Ciudades y Gobiernos Locales Unidos, por la iniciativa ‘Medítele a la Paz’. Allí se destacó como una iniciativa innovadora en la prevención y resolución de conflictos, y consolidación de la paz.

Dr. Carlos Jiménez 
Hospital Universitario del Valle
“Lastimosamente hemos tenido niños que son heridos en el vientre materno”, doctor Carlos Jiménez, coordinador de Pediatría.

Dr. Jairo Silva
Instituto de Medicina Legal en Cali
“Cada año en la Morgue, hay más participación en las necropsias de menores de edad”,  doctor Jairo Silva, director regional suroccidente.


Dra. Amanda Moreno Ávila
Fiscalía General de la Nación
“Hay condenados y también personas en juicio por balas perdidas”, doctora Amanda Moreno Ávila, coordinadora de la Unidad de Reacción Inmediata, URI, Cali.

Ex pandillero Brayan Estiben Cuellar
Brayan Estiben Cuellar, expandillero de 23 años
“El tema de las Balas Perdidas y las Fronteras Invisibles es complicado”



Expandilellero John Estiven Puentes
John Estiven Puentes, de 24 años. Expandillero
“Mi vida antes era un sosiego”





Intendente Rubén Valencia
Policía Metropolitana de Cali
“A los jóvenes hay que desviarlos de esa gran oferta laboral ilícita que existe en la ciudad”, intendente Rubén Valencia, líder del programa: “Jóvenes sin fronteras”, que desarrollan con la Alcaldía y Cisalva.

Lorena Penagos
Instituto de Investigación y Desarrollo en Prevención de la Violencia y Promoción de la Convivencia Social
“La mayoría de historias de esos jóvenes que empiezan a delinquir y a consumir, depende mucho de esas fracturas a nivel familiar”, Lorena Penagos, Trabajadora social Educadora para la vida de Cisalva.

Coronel Germán Ernesto Muñoz Díaz
Las armas

“La proliferación de armas entre los jóvenes es en gran parte a consecuencia del micro tráfico”, coronel Germán Ernesto Muñoz Díaz, comandante Distrito 4 de Policía en el Distrito de Aguablanca, oriente de Cali.

El especial multimedia completo se puede ver en la página de Caracol Radio en el siguiente link: 


miércoles, 7 de junio de 2017

"Él no es mala persona", hija del transportador desaparecido en la galería de Santa Elena

Hernando Ospina Gómez
Como un hombre muy trabajador, honesto y una persona maravillosa, es calificado Hernando Ospina Gómez, un transportador de 56 años de edad, quién se encuentra desaparecido desde el pasado siete de marzo, cuando se encontraba en la concurrida y tradicional galería Santa Elena, al sur de Cali.

Su hija, Verónica Ospina, quien le envía un mensaje para que tenga mucha fortaleza, si es que alguien lo tiene, asegura que tiene un video en donde se ve a su padre que es abordado por una pareja.

“El día siete de marzo de 2017 mi Papá fue abordado por una pareja y desde ese día no sabemos nada de él. Se lo llevaron. Según tenemos entendido lo contrataron para un viaje, pero hasta el momento solo tenemos el video donde se muestran las dos personas que se lo llevan”.

Hernando Ospina Gómez
Verónica, quien sostiene que el video que fue entregado al Gaula de la Policía Metropolitana de Cali, asegura que no les han pedido dinero por su Papá.

“No nos dan razón de él. No podemos decir que nos han pedido dinero. Solamente que se fue y que no ha regresado”.

La hija de Hernando Ospina Gómez, que antes de ser transportador, era carnicero en la galería de Santa Elena, agrega que la última vez que se ve a su padre es cuando estaba justo al frente de un granero, en la galería de Santa Elena.

“Eso fue a las once y media de la mañana. A eso de las 12 y 50 del medio día es la última hora que se ve ahí en la galería cuando sale con la pareja”.

Hernando Ospina Gómez en el momento de su desaparición se transportaba en una camioneta Mazda B2200, dos puertas, color verde andino, de estacas negras y placas CBF 663 de Cali

Hernando Ospina Gómez
“Lo hemos buscado en casi todo el departamento del Valle del Cauca. Hemos ido a Palmira, Tuluá, en Florida y Pradera. Hemos estado en Cartago, en Pereira, Ibague y en el departamento del Cauca en Corinto y Miranda”.

Verónica, hija de Hernando Ospina, durante una entrevista con el teniente coronel Edison Mosquera, comandante del Gaula Policía Cali, este le aseguro que hará todo lo humanamente posible por seguir en la búsqueda de su padre.

“El día que mi padre desapareció llevaba una camiseta morada de rayas negras, tipo Polo. Un jean azul, botas negras y en ese momento tenía gorra. Físicamente es de color castaño claro. Tiene los ojos verdes claros. A esta fecha tiene que estar barbado. Las canas le salen más en la barba. La particularidad de mi papá es que tiene unas manchas cafés en las manos y le falta la dentadura en la parte de arriba”.

Verónica, que reside en el barrio Villa Colombia, junto a su madre y dos hermanos más, están ofreciendo una recompensa a la persona que realmente brinde una información o que les diga quien lo tiene o que se lo entreguen a la Policía.

“Mi papá era una persona muy desconfiada, eso es lo que nos da como ciertas dudas”.

Verónica con lágrimas en sus ojos, le envía un mensaje a su padre, Hernando Ospina Gómez, que lleva 35 años de matrimonio con su madre: “Que dónde quiera qué este, qué sepa que lo adoro. Que es la luz de mis ojos. Que no paro de buscarlo. Que mi mamá lo extraña. Que mis dos hermanos lo anhelan. Que tenga mucha fortaleza, si es que alguien lo tiene y si alguien lo tiene que por favor devuélvanlo que nosotros estamos dispuestos a lo que sea, con tal de que nos lo devuelvan. Él no es mala persona. Mi papá es un hombre muy trabajador, muy honesto. Mi papá no es hombre malo. Como padre, como esposo y como abuelo es una persona maravillosa”.